Era un día con mucho sol y poco
viento cerca de la una de la tarde. Fue el tiempo para las vacaciones y más o menos no
habían muchas personas en París. Las calles estuvieron desiertas. Yo caminaba enfrente del Abey St. Germán. Justamente abajo de la calle
donde jugué con mi balón rojo día tras día-- peloteado el balón contra el muro
donde Monsieur Descartes está descansando.
A veces, tuve un juego que jugué
con los turistas para divertirme. En mi Francés bastante perfecto en la
pronunciación, pero no en la gramática, dije a los que sospeché de ser turistas
Americanos: “Quelle heure est-il?” en una manera muy rápida para asegurar
el efecto máximo de desorientación.
Casi siempre me respondieron en
francés “je ne parle pas francais.“ Y después comenzaríamos una conversación en
inglés.
Este día al lado del boulevard St.
Germán, mi blanco americano (era una época más inocente en los años setentas y
yo era un poco golfillo) era un hombre con pantalones un poco cortos con líneas
blancas y verticales. (Ahora que lo pienso, pantalones con líneas son
apropiados para llevar enfrente de la tumba de Descartes.)
Para completar su uniforme de
turista, tenía una camisa blanca con mangas cortas y una bolsa en el pecho para
sus lentes rectangulares de oro. Y en sus pies tenía zapatos blancos con
hebillas cuadradas y doradas.
Él me preguntó en inglés si yo sabía
donde había una tienda de artículos artísticos. Nuestra dueña del apartamento
fue una artista quien se llamaba Cecil Harover.
Ella fue especialista en la
arquitectura de París – y una pintora impresionista. Una vez visité una tienda de
artistas con Cecil a pocas cuadras de nuestro edificio.
El apartamento de Cecil, como
entiendo, fue en un tiempo, la casa de Monsieur Delacroix-- el pintor de
"la señora de la libertad."
"Por supuesto," dije
"conozco donde está una tienda de artes."
Y con nada más importante que
hacer, me instalé en el papel de guía turístico y traductor con doce años de edad.
Caminamos a través de las calles
desiertas con, a veces, un deux cheveau o un citroen estacionado en el reborde.
El hombre me dijo en conversación que no hace mucho tiempo perdió a su esposa y
tiene pequeños problemas con su corazón.
Pocos minutos después, llegamos a
la tienda con muros blancos, ventanas grandes llenas de cuadros, caballetes, y
pinturas. Lo ayudé a hacer sus compras. Recordé las palabras para
aguarrás, pintura de aceites y cepillos de mi visita con Cecil. Ahora el
señior estuvo listo para hacer un poco de arte al lado del rio Sena.
Después de hacer las compras,
fuimos a un café al lado del rio Sena. Desde nuestras sillas pudimos
ver el muro del rio con bolsas verdes colgadas llenas con libros, cuadros y
tarjetas postales para vender. Las hojas de los castaños de indias
estaban ondeando en la brisa del verano.
Mandó a traer, el hombre, dos limonadas
frescas exprimidas (muy sabrosas) y comenzó a dibujar en su libro artístico....
Y después él me dio este cuadro y me dijo "Apuesto que no sabes qué dijo el Lone Ranger ''Hi Yo Silver" y no "Hi Ho Silver.""
Me dijo que se llama Tom Gill y él fue el primer
artista para el libro de cómicos "The Lone Ranger".
Escrito por:
Frederico Gillen
Waterbury, VT
17 de junio de 2013

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