Monday, May 13, 2013

El Cuchillo. Por Frederico Gillen





Estuve caminando hasta el fin de mi calle con mi perro Sammy—un “biglador noble”.  En el  fin de la calle hay un campo donde cada año un viejo hombre de origen japonés viene  para cortar su leña para el próximo invierno.

Recordé que en mi cobertizo tuve un galón de aceite para motosierras que no estuve utilizando yo mismo.  El hombre – quizás tiene más de setenta años--  estuvo descansando de su trabajo.  Pregunté a él si tuvo uso para el aceite?

“Si puedo usarlo”  él me dijo en un inglés poco roto, “lo puedo pagar”.  

“No es necesario” le dije “regreso con la jarra”.  Él me dijo “gracias”.

Estaba regresando en pocos minutos con mi arco de flecha para cazar pavos  encima de la colina.

Regresé después sin Sammy y con el aceite, mi arco de flecha, y mi cuchillo de caza—un cuchillo de supervivencia de mi padre de la segunda guerra mundial.  

Una vez, vi una foto  de John F. Kennedy con el mismo tipo de cuchillo sobre su cintura con el barco PT 109 en el fondo.

El hombre estuvo cortando leña cuando regresé.  Puse el aceite en la tierra al lado de su camión azul.  El continuaba cortando.

Caminé en la pista en la dirección de la colina pensando que la marina le dio a mi papá este cuchillo, ahora en mi cadera, cuando él estaba preparándose para la invasión de Japón.

Ellos dejaron caer la bomba atómica.  Mi padre no invadió.  

Estoy aquí con el cuchillo y mi hermosa familia.

Escrito por:

Frederico Gillen
Waterbury, Vermont
13 de mayo de 2013

Wednesday, May 1, 2013

Cuando el cuervo bailó. Por Sue Jamieson





En el 2002, un amigo me invitó a enseñar una clase de chamanismo en su rancho de Nuevo México.
Yo estaba feliz de aceptar pero sentí un presentimiento de que quizás no debería ir. 
La mañana de mi vuelo yo estaba muy inquieta y nerviosa. Sandy, la esposa de mi amigo, me recibió en el aeropuerto de Dallas, Texas, para llevarme al rancho en el sur de Nuevo México.  El rancho estaba situado en las montañas.
Pasamos por curvas cerradas en profundos cañones de las montañas de Sacramento en el Bosque Nacional Lincoln, pasando por hectáreas y hectáreas quemadas por los incendios forestales. Una grave sequía había aparecido en el suroeste, de manera que los niveles de humedad fueron extremadamente bajos, creando condiciones de polvorín a través de cientos de miles de hectáreas de bosque nacional.
Cuando llegamos al rancho descubrimos que todos se habían ido a luchar contra un incendio forestal pequeño cerca.  Sandy, también una bombero voluntaria, se fue inmediatamente para ir a ayudar. Yo estaba completamente sola. Sin ningún vehículo ni teléfono. El rancho era muy remoto en el fondo de los cañones profundos de las montañas.
Empecé un ritual de caminar afuera de la casa. Al tercer día, mientras caminaba, mantuve un ojo vigilante sobre el cielo y la cordillera buscando fuego o humo. Una bandada de pájaros ruidosos volaron por el cielo, mientras que debajo de ellos, tres ciervos se estrellaron a través de la maleza y los árboles a lo largo de la parte superior de la cresta. Un gran cuervo aterrizó a seis metros de distancia de mi, me miró y luego voló hacia la entrada del cañón, siguiendo el único camino para salir del rancho. El hecho de ver estos animales y el cuervo en particular me hizo sentir aún más nerviosa. 
Entonces vi cenizas flotando en el cielo sobre la cresta de la montaña.
Alarmada por las cenizas entré a la casa y me quedé parada delante de la puerta corrediza de cristal y mirando hacia afuera.  Vi como un enorme cuervo estaba volando en línea recta desde el cañón hacia la casa. Ese cuervo voló directamente hacia la puerta de cristal, se detuvo y se mantuvo en el aire aproximadamente a un metro enfrente de mí, el cuervo volvió la cabeza hacia un lado y con un ojo me miró directamente a los ojos. Luego aterrizó en la terraza, saltó varias veces, ida y vuelta a la izquierda y a la derecha, a la vez que me miraba. De repente, se dio la vuelta y salió volando, hacia abajo del cañón. Mi cabello se levantó en la nuca. 

El cuervo había bailado para mí. El mensaje era claro. Tenía que salir de este cañón. Pero, ¿cómo?  Tres veces más en esa tarde, el cuervo voló desde el cañón y bailó para mí con exactamente el mismo patrón.
Sandy volvió esa tarde para conseguir suministros para llevar a la estación de bomberos en "Weed", Nuevo México, a veinte millas del rancho. Ella me iba a dejar en el rancho pero le dije: 'No, tengo que ir a la estación de bomberos. No es seguro aquí ". Desde la estación de bomberos llamé a mis padres en "Roswell". Mi padre preocupado, me dijo que los bomberos estaban siendo traídos de todas partes de Estados Unidos, Canadá y Australia. Más de 15.000 hectáreas se habían quemado. Todos los caminos fueron cerrados por la Policía estatal. no había forma de entrar o de salir del pueblo "Weed", le dije que tenía miedo, pero que estaba bien.
A la mañana siguiente, mis padres manejaron 180 millas para venir a buscarme. En el camino, ellos fueron detenidos por la policía estatal en una barricada. El funcionario les dijo que era necesario revisar cierta información para permitirles pasar. Mi madre me dijo que, después de unos pocos minutos de detener el aliento (sin respirar) y orando, el oficial mirándolos, los sorprendió diciéndoles que la ruta  apenas había sido abierta temporalmente. Podrían ir bajo su propio riesgo, pero deberían salir tan pronto como pudieran. 
El incendio había demostrado ser impredecible.
De regreso, tuvimos que parar en el camino a "Roswell" en la misma barricada. El tráfico podría ir hacia el este por la ruta hacia Roswell, pero estaba cerrado al tráfico que venía de "Weed". El oficial le dijo a mi padre que habíamos tenido suerte de haber pasado cuando lo hicimos, porque solamente habían tenido cerca  de 45 minutos abierto el camino para entrar o salir del pueblo "Weed"    
Cuando nos fuimos mi madre me dijo: "Tienes ángeles que te cuidan, Sue ".
"No es broma! ¿Has visto algún cuervos en el camino?"
Epílogo: En realidad estuve sola en el rancho durante tres días. El fuego llegó al rancho la tarde que salí. Algunos edificios se quemaron, pero no hubo pérdida de vidas. Nunca volví a enseñar una clase de chamanismo. El rancho fue cerrado poco después del incendio.


Veo cuervos todo el tiempo. A veces un cuervo es un cuervo. Sin embargo, debido a las acciones extrañas y repetitivas de ese cuervo en el rancho, creo que era un cuervo mensajero para mí.

Escrito por:
Sue Jamieson
GMCR – Waterbury, Vermont
29 de abril de 2013

Algunos pensamientos sobre el cuento “El viaje” de Cristina Fernández Cubas - Por Frederico Gillen






Después de leer esta historia, estaba pensando que estoy en un tipo de convento aquí en Vermont, donde la vida es más simple que en otros lugares del mundo--  por ejemplo Boston.  



Ahora estoy en apuros con la idea de regresar a Boston para correr otra maratón después del tiroteo que hubo en la reciente maratón.  Sería un viaje para demostrar solidaridad con la gente de Boston y con corredores en general.  Sería un gran paso afuera de mi convento aquí en Vermont.


Pero, puedo también correr una carrera “enclaustrado”  en las montañas de Vermont sin la necesidad de volar.   (Desde el 2001, no he volado más que dos veces.)

Para calificar para la nueva maratón en Boston, necesito ir a Washington, D.C.—dos vuelos ida y vuelta, mucho dinero y malo para el medio ambiente, y después, dos vuelos más para ir y regresar a Boston (creo que es demasiado peligroso conducir a Boston con mi familia.)  En cualquier caso sería mucho para “para ver el convento desde afuera”.

Notas interesantes:

Palma de Mallorca es una isla en sí misma – quizás el convento es una metáfora para la vida en una isla.

Leyendo esta historia pensé en la frase” ningún hombre es una isla” porque Palma es una isla.  Busqué en Wikipedia y hubo un  monje llamado Thomas Merton en Kentucky, Estados Unidos.  quien escribió un libro con el título “Ningún hombre es una isla.
¿Interesante no?.
Escrito por:
Frederico Gillen
GMCR – Waterbury, Vermont
28 de abril de 2013